Claes responde a Monsanto: otra mirada sobre la soja transgénica

por Eduardo Gudynas – El pasado 20 de diciembre, en la lista electrónica iberoamericana sobre economía agraria y recursos naturales, Jaime Costa de la empresa Monsanto, comentó un anuncio de CLAES que mencionaba la caída de la producción de soja transgénica en Bolivia.

Costa califica como “curiosa” esa caída de la productividad de soja RR en Bolivia, y agrega: “En cuanto a Argentina, donde la superficie cultivada de soja ha pasado de 6 a 14 millones de hectáreas desde que se permitió la siembra de las nuevas variedades transgénicas hace unos nueve años, son los productores con su decisión de sembrar o no, los termómetros más fiables para medir la idoneidad de esta tecnología” (más abajo se incluye el mensaje completo).

Este comentario de un funcionario de la empresa Monsanto merece varias reacciones.

En el mensaje se defiende como indicador de idoneidad el “número de productores” que utilizan la “tecnología” transgénica. Esa posición no es rigurosa, ni desde un punto de vista técnico ni desde la gestión pública en política agrícola. El hecho que muchos agricultores lleven adelante una cierto tipo de producción no implica que sea la óptima desde el punto de vista agropecuario, económico, social o ambiental. Es como afirmar que como hay millones de fumadores, entonces ese alto número demostraría que el cigarro es excelente.

Pero además, esa afirmación tiene consecuencias negativas sobre las políticas agrícolas desde el Estado. Existen prácticas agrícolas que son empleadas por miles de agricultores y sobre las cuales existe un cierto consenso técnico en que son negativas, por ejemplo por laboreos inadecuados que desencadenan erosión. Si siguiéramos el razonamiento del Sr. Costa de Monsanto, como esos procedimientos son muy comunes entonces indicarían que son idóneos, y por lo tanto los gobiernos no deberían invertir en programas de extensión y capacitación. El criterio de idoneidad por “mayorías” también erosiona la necesidad de políticas activas estatales para mejorar la producción agrícola.

El acceso a la tecnología no es libre y la oferta disponible limita seriamente las posibilidades de elecciones de los productores agrícolas. Entonces en realidad, la decisión de los productores a la que alude el Sr. Costa, en realidad encierra una compleja problemática. Aquellos productores que deseen plantar soja convencional para aprovechar los mercados que rechazan los transgénicos enfrentan enormes dificultades (las semillas de soja convencional se han convertido en una rareza, la cadena de transporte y procesamiento está contaminada, etc.). En otras palabras, en varios países de América del Sur, el productor planta lo que puede de acuerdo a lo que está disponible en los mercados locales. Esos mercados locales (y nacionales) están fuertemente afectados por las acciones que llevan adelante distintas empresas (entre ellas Monsanto).

Allí donde existe un mercado un poco más libre y diversificado, se observan situaciones muy distintas. Por ejemplo, la soja convencional sigue siendo mayoritaria en Bolivia, pero también en importantes zonas de Brasil (por ejemplo, Mato Grosso, Goias, Paraná, etc.).

Pero además, la soja RR se ha convertido en un elemento central de una estrategia productiva que descansa en el monocultivo sobre enormes extensiones, con un talante empresarial (muy lejos del clásico agricultor), y que por sus propias características desplaza a los agricultores medios y pequeños. Si se aplicara el “criterio numérico”, la soja RR en algunas zonas alcanzaría la unanimidad, ya que sus entusiastas defensores representan proporciones cada vez mayores debido a que el número de productores se reduce por que los agricultores pequeños se ven obligados a vender o arrendar sus campos.

Finalmente, en las decisiones hay muchos componentes que no son agronómicos, sino que son económicos. El balance económico de la producción de soja RR está en discusión en varios países, ya que la rentabilidad final de la soja RR es menor a lograda con las variedades convencionales (este debate se observa en Brasil, Bolivia y Uruguay). Por ejemplo, en base a datos de Julio 2005, en Mato Grosso el resultado final es que la soja convencional tiene una rentabilidad superior a la soja RR en el orden de 15 reales por hectárea (la diferencia en buena medida se debe a una semilla mucho más cara por el pago de royalties a Monsanto).

Existen otros tantos argumentos que apuntan a la necesidad de evaluar de una forma multidimensional y más rigurosa la utilización de las variedades transgénicas, que por motivos de espacio no comento en este mensaje.

Saludos atentos a todos,

Eduardo Gudynas

CLAES – Centro Latino Americano de Ecología Social – Agropecuaria.org

 

A continuación se reproduce el mensaje de Jaime Costa:

Tue, 20 Dec 2005
From: “COSTA, JAIME”
Asunto: Re: Soja: cultivo y producción en el Cono Sur

Curiosa la noticia de caída de producción de la soja transgénica en un país –Bolivia– donde creo que no ha sido legalmente autorizada para su siembra. En cuanto a Argentina, donde la superficie cultivada de soja ha pasado de 6 a 14 millones de hectáreas desde que se permitió la siembra de las nuevas variedades transgénicas hace unos nueve años, son los productores con su decisión de sembrar o no, los termómetros más fiables para medir la idoneidad de esta tecnología.

Saludos y Feliz Navidad para todos

Jaime Costa.