La contaminación rural y la intensificación agropecuaria

Muchos de nuestros problemas ambientales se inician en el medio rural y por ello involucran al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay. La idea de una “intensificación sostenible” no asegura mejoras ambientales y no faltan ejemplos donde terminamos subvencionando a los contaminadores de suelos y aguas.

 

 

por Eduardo Gudynas – Para los montevideanos y demás habitantes de las grandes ciudades de Uruguay pasan desapercibidos muchos problemas ambientales del mundo rural. Pero lo que sucede en nuestra campaña termina afectando a todos en el país. Un caso muy claro es la contaminación de suelos y aguas, lo que a su vez explica problemas que son percibidos desde las ciudades, como lo que sucede con la calidad del agua potable o el estado de varias playas.

Por lo tanto, la actividad agropecuaria es uno de los principales factores para entender la situación ambiental uruguaya. Dicho de otra manera, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), es una de las principales instituciones en determinar las políticas ambientales en nuestro país, un hecho que también pasa casi siempre desapercibido.

Si observamos lo que sucede en ese mundo rural veremos que se encienden luces rojas y amarillas en múltiples sitios: miel contaminada con agroquímicos, personas fumigadas, inadecuada disposición final de los recipientes de químicos, avance de los monocultivos, residuos de agroquímicos en peces, frutas y verduras, etc.

Un caso ilustrativo tuvo lugar semanas atrás cuando varios productores rurales familiares perdieron todos sus cultivos en La Armonía (Depto. Canelones) (1). Se presume que esto se debió a usar agua contaminada con herbicidas que se aplican a la soja. Los morrones y tomates de esos productores resultaron quemados químicamente (como ilustra la foto), y su cosecha se perdió.

Estas no son excepciones, sino que resultan de estrategias agropecuarias muy intensivas, que dependen de aplicar químicos, los que en unos casos son riesgosos, en otros necesitan manejos muy cuidadosos que no siempre se cumplen, y finalmente tampoco se conocen todos sus efectos negativos. Este tipo de agropecuaria genera una presión ambiental enorme. A su vez, muchas veces impiden que prosperen prácticas alternativas, orgánicas, que no dependan de químicos o transgénicos, ya que el Estado sigue priorizando sus apoyos al agro convencional.

Por todas estas razones, las políticas del MGAP son determinantes ya sea en empeorar como en intentar mejorar la situación ambiental del país. El actual ministro, Tabaré Aguerre, expresa una correcta sensibilidad al reconocer que se avecina una próxima revolución agropecuaria enfocada en el ambiente (2).

Pero el problema es que hay acciones concretas que apuntan en sentido contrario. A nivel de las políticas sectoriales, el MGAP está proponiendo lo que denomina como “intensificación sostenible” de la agropecuaria, lo que no necesariamente significa mejoras ambientales.

Si bien el calificativo “sostenible” alude a ciertos cuidados ambientales, como proteger el suelo, la meta de “intensificación” apunta a elevar la productividad (por ejemplo, más toneladas de granos o cabezas de ganado por hectárea, y en menos tiempo). Esos incrementos se logran, tradicionalmente por aumentos en aplicaciones de fertilizantes, herbicidas, pesticidas y otros químicos, nuevas variedades de transgénicos, reducir los períodos de “descanso” de la tierra, alimentar con raciones al ganado, intervenciones en las cuencas hidrográficas para implantar sistemas de riego, más maquinaria, etc. El punto es que todas esas prácticas aumentan las presiones sobre el ambiente y los riesgos de contaminación son mayores.

Se podrá replicar que el componente de “sostenibilidad” en esa intensificación asegurará el cumplimiento de controles ambientales sobre el uso de esos químicos, el manejo del agua o el aprovechamiento de los suelos. Pero por ahora, lo que todos observamos, es que el deterioro ambiental en el medio rural sigue avanzando.

Se promete un balance entre la intensificación agropecuaria y las medidas ecológicas que por ahora es muy dudoso. Es que las medidas más específicas del MGAP sigue ofreciendo ejemplos donde el costo de los impactos ambientales en lugar de ser asumidos por quienes contaminan, son derivados al resto de la sociedad. Regresando al caso de los cultivos perdidos por contaminación en La Armonía, el MGAP resolvió ayudar a esos agricultores (lo que está muy bien) (3). Pero lo que llama la atención es que la medida de apoyo será hacer pozos para extraer agua subterránea y colocar un tanque australiano para almacenarla. Esto muestra que se parte de la premisa que el agua superficial en las cañadas y arroyos está contaminada, y en lugar de limpiar esos cursos de agua, se proponen hacer esos pozos. Podría sospecharse que los que manejan grandes superficies de monocultivos seguirán contaminando las aguas superficiales ya que están observando que el MGAP pagaría pozos a los productores familiares afectados por sus residuos. Y decir que el MGAP o el BROU pagarán esas medidas, significa que somos todos nosotros los que las financiamos. Otra vez la sociedad subvenciona la contaminación de unos pocos.

Referencias

(1) Informe especial: ecos de la contaminación ambiental registrada en zona de La Armonía; Hoy Canelones, 2 febrero 2017.

(2) Uruguay conjuga ventajas naturales y competitivas para afrontar nueva revolución agrícola. MGAP, 17 marzo 2016.

(3) El MGAP proveerá soluciones a los siete productores de “La Armonía” afectados por herbicidas. MGAP. 2 febrero 2017.

Fotografía de los cultivos perdidos por agroquímicos en La Armonía; imagen de la Intendencia Municipal de Canelones, en el informe de Hoy Canelones.

Publicado originalmente en la columna del autor en Montevideo Portal el 13 febrero 2017.