Corporaciones y familias en la agricultura latinoamericana

por Rocío Lapitz – En el Foro Social de las Américas uno de los temas mas importantes es la agricultura familiar, su influencia en las economías latinoamericanas, y su constante reducción debido al predominio de las grandes empresas en el mercado. En función de esta realidad, varias organizaciones realizaron un encuentro de trabajo sobre “El impacto de las grandes corporaciones en la agricultura familiar”. En el taller se trataron varios casos de empresas transnacionales que trabajan en América Latina y que han tenido fuertes efectos.

El caso de la producción de lácteos en Chile fue uno de los temas que se tomaron en consideración. “Muchos estudios se han concentrado en analizar el lado del productor dejando de lado al consumidor y su problemática” planteó uno de los participantes. En Chile, a partir de la década de los noventa el consumo de leche y sus derivados tuvo un incremento sustancial. En la actualidad el 2% del ingreso de los chilenos se gasta en consumo de lácteos, obviamente con grandes asimetrías al interior de la población; en los sectores de menores ingresos ese porcentaje es menor al 0,5%.

A partir del 2000, los precios de estos productos presentaron una tendencia alcista significativa, con la consecuente reducción del consumo. En 2002, los precios se incrementaron 2,4%, en 2003 un 8%, y en el primer trimestre de 2004 ya habían alcanzado un alza de 8,9%. Sin embargo, este aumento no se trasladó al productor, que incluso en 2002 sufrió una reducción de los ingresos por producción. Además, se comenzó a sentir la cada vez mayor competencia de las empresas extranjeras; las transnacionales aprovecharon la crisis en Argentina con su consecuente reducción de precios, y comenzaron a importar leche desde allí para venderla en Chile. El 75% de las importaciones de leche actualmente provienen de Argentina.

Otro caso analizado fue el de Parmalat en Brasil. La empresa llegó a ese país hace cincuenta años, y se fue consolidando mediante la compra de empresas nacionales. A comienzos de los años noventa la empresa Parmalat compró 27 empresas brasileñas que eran tanto empresas privadas como cooperativas. Pero esta gran expansión no se logró únicamente por mérito propio, sino que “contó con la ayuda del gobierno brasilero que impulsó varias políticas como la reducción de aranceles, la apertura financiera, y la desregulación del mercado lechero”expusieron. Este cambio de políticas se hizo con la justificación de que Brasil debía ser más competitivo en el sector lechero, “cosa que en realidad nunca sucedió” se indicó en el panel.

Otra manera característica de expansión fue la “competencia desleal” con las demás empresas. Parmalat compraba leche a los productores a precios muy superiores a los de sus competidores, y con ello los productores comenzaban a remitir cada vez más a sus plantas. Las empresas competidoras no lograron soportar esta situación mucho tiempo, y cerraron. Entonces Parmalat compró sus plantas y una vez que logró el monopolio redujo significativamente el precio que pagaba al productor, incluso a niveles inferiores al que pagaban las demás empresas cuando estaban funcionando. En ese momento los productores lecheros ya no contaba con la posibilidad de vender a otra empresa, y tampoco podían presionar por una suba de precios.

La grave crisis vivida por esta empresa causó daños también en esta parte del mundo. Parmalat, que contaba con más de 30 empresas al interior de Brasil, sólo retuvo con ocho, causando importantes daños en los productores.

En Brasil hay cerca de 4 millones de establecimientos agropecuarios familiares, y uno de cada cuatro produce leche. La producción de leche les permite contar con un ingreso mensual, a diferencia de otras actividades agropecuaria que dependen de zafras. Muchos de estos productores eran remitentes de leche a las plantas procesadoras, y algunos lo siguen siendo de Parmalat, por lo que cuando la empresa disminuyó su actividad las consecuencias se hicieron sentir.

“El impacto que las transnacionales tiene en toda América Latina es muy importante y se debe trabajar en ello”, reclamaron los participantes. Justamente una de las maneras de reducir la dependencia de esas corporaciones reside en favorecer una agricultura familiar desligada de las grandes empresas transnacionales.

Un asunto clave en el taller era formar una red que permitiera encontrar mecanismos de trabajo conjunto para alcanzar un crecimiento más sostenible de largo plazo. Estas propuestas si bien son interesantes, además de expandir la información deberían, y quizá esté en sus metas, plantear alternativas posibles para los productores agropecuarios. Porque si bien es cierto que las empresas realizan todo tipo de estrategias para alcanzar una cuota de mercado importante, los productores no tienen otra alternativa que sucumbir ante estas tentaciones. ¿Qué podría hacer un productor de leche si no le vende a la única filial que está en su zona? ¿Cuáles son sus posibilidades de obtener un ingreso para sustentar a su familia?.

La propuesta de la red buscaba articular instituciones que permita la complementación entre los diferentes productores y consumidores de manera de alcanzar una agricultura familiar más sustentable en el largo plazo. La propuesta se basa en tres aspectos fundamentales: compartir información estadística y de otros temas; identificar vacíos en la información para poder trabajar en ellos; y denunciar la influencia de las empresas de agroalimentos en los tratados de libre comercio.

Estos y otros esfuerzos necesitan complementarse con propuestas alternativas a la problemática que viven las familias de agricultores en América Latina, y de esta manera no continuar con un proceso donde los latinoamericanos “importen” en los supermercados los productos que ellos mismos producen.

R. Lapitz es analista de información de D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad).