La soja transgénica está fracasando en Bolivia

Miguel Angel Crespo tiene una larga historia de trabajo en defensa del ambiente y el desarrollo rural en Bolivia. Actualmente es el activo coordinador de PROBIOMA (Productividad Biosfera y Medio Ambiente), una organización no gubernamental que trabaja en temas de desarrollo rural desde su sede en Santa Cruz. PROBIOMA busca contribuir desde la investigación de la biodiversidad y la conservación de los recursos naturales. Entre sus principales áreas de trabajo se encuentran: agro ecología y manejo integrado de recursos, producción de biorreguladores, investigación y crédito rural.

Crespo, y PROBIOMA, han sido pioneros en promover la agroecología, y en especial el control biológico de plagas. En esa misma línea, Crespo es actualmente uno de los principales críticos al avance de la soja transgénica en Bolivia, y está promoviendo opciones alternativas basadas en la soja convencional o incluso su producción orgánica. PROBIOMA organizó del 10 al 12 de noviembre de 2005 el Taller: “Visión de los Pequeños Productores sobre la problemáticas de la soja en la región”, y en ese marco tuvo lugar esta entrevista.

Entrevista de Martín Pardo

A partir del seguimiento del debate sobre la soja que realiza PROBIOMA, y tomando en cuenta el taller que se acaba de realizar, ¿cómo calificarías el estado de la discusión sobre la problemática de la soja en Bolivia?

Yo diría que ha habido dos grandes momentos en torno a la problemática de la soja. Un primer momento tiene relación con lo que implica este cultivo como uno de los mas importantes en generar divisas para Bolivia. En ese marco el gremio que agrupa a los sojeros se convierte en un actor fundamental a nivel político y económico. Paradójicamente este sector está compuesto por más de un 60% de pequeños productores, pero que no controlan más que un 40% de la producción. Este sector de los pequeños productores obviamente no tiene ni voz ni voto en las decisiones que se toman. El sector que domina las posiciones son un grupo de productores grandes, mayormente brasileños, que no permiten que haya una injerencia en el tema. En ese entorno el sector sojero se convierte en un sector de desarrollo industrial importante para el país y de alguna manera en un sector al que no se lo puede cuestionar, ni tocar.

Un segundo momento parte del trabajo que está desarrollando PROBIOMA desde hace unos 4 años, en el que a través del aporte que genera la biotecnología se empieza a tener un grado de incidencia y a constituir una suerte de punto de referencia para el sector. En ese proceso es que empezamos a construir algunos criterios de responsabilidad social y ambiental en el manejo de la soja, que más tarde lo llamamos manejo responsable de soja. Eso no significa sustentabilidad, ni necesariamente producción orgánica. Todo este debate se agrava ante la posible inclusión de la soja transgénica en Bolivia.

En este año se puede hablar de una especie de punto de inflexión ya que fue la primera campaña en la cual se liberó transitoriamente el cultivo de soja genéticamente modificada. ¿Cómo fue que se llegó a esta decisión del gobierno boliviano de habilitar el uso de soja transgénica, en un país donde los transgénicos son ilegales?

Desde hace dos o tres años se venía ejerciendo mucha presión por parte de empresas interesadas en la introducción de la soja transgénica. Ellos presionaban desde la perspectiva que Bolivia se debía incorporar a ese modelo, y eso coincide con el cambio de algunas autoridades al interior del sector. La anterior dirigencia no estaba de acuerdo con la introducción de la soja transgénica y la nueva dirigencia sí tiene una postura favorable, por la fuerte influencia de los productores sojeros brasileños, que son los que van marcando ahora las políticas del sector.

El otro elemento es la falencia de un Estado que no hace cumplir los acuerdos de integración comercial con la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y de un Estado que es incapaz de tener una política de comercio exterior para abrir mercados en otros ámbitos. Estos aspectos sumados a la falta de infraestructura, conllevan a ciertos justificativos en el sentido de introducir la soja transgénica, a pesar de la fuerte oposición de las organizaciones y los movimientos sociales. Tampoco se contaba con fundamentos técnicos y científicos que avalen la autorización por parte de la autoridad competente y bajo el slogan de que “hay que mantener la unidad” se liberó transitoriamente la variedad transgénica. El argumento que utilizó el gobierno central fue que si se oponía, conspiraba contra el desarrollo de la región del oriente boliviano y obviamente eso agudizaría las pugnas entre “occidente” y “oriente”, que es actualmente un proceso en discusión en el país con iniciativas de separatismo, federalización, etc.

Entonces por encima de todos esos cuestionamientos y esas falencias, el gobierno central da lugar a la introducción de la soja transgénica ante los reclamos del sector y “en procura de mantener la unidad nacional”. Esto obviamente no se ha resuelto. Lejos de eso las contradicciones han continuado. En este contexto se introduce temporalmente la soja transgénica que según las autoridades es el único cultivo de este tipo que se va a autorizar.

¿Y cuáles han sido los primeros resultados recogidos?

En la campaña de invierno que está finalizando se han obtenido ya los primeros resultados, y se ha demostrado, que a nivel de rendimientos esa variedad de soja transgénica está muy por debajo de la soja convencional. En la soja convencional tenemos un rendimiento promedio de 2.1 toneladas por hectárea y en la soja transgénica se ha llegado a 1.3 o a lo sumo 1.8 toneladas por hectárea. Entonces eso ha generado mucha desmotivación y una visión mucho más escéptica de parte de los productores y en ese sentido el sector a través de su dirigencia está tratando de contraponer con una gran campaña mediática, diciendo que la soja transgénica es una maravilla, etc.

Ese es el contexto actual, ahora obviamente están surgiendo algunas alternativas. Es conocido que ya hay grupos que están exportando soja orgánica. Paradójicamente el sector sojero dominante invitó a un experto en mercados internacionales, de origen brasileño, quien planteó que Europa está demandando cerca de 15 millones de toneladas de soja convencional y recomienda que ese debería ser el mercado al que Bolivia debiera ingresar. En ese sentido si enviáramos toda la producción boliviana apenas cubriríamos el 10% de lo que Europa está comprando actualmente. Esos son aspectos que de alguna manera favorecen inclusive el viraje de un modelo de producción hacia otro. Pero eso está sujeto a que los productores comiencen a incidir en la política y planteen seriamente la necesidad de promover criterios de responsabilidad social y ambiental, además de un relacionamiento más directo con las empresas compradoras, que es lo que ahora está como expresión de deseo.

Me parece que es una referencia ineludible el proceso político actual en Bolivia, están fijadas las elecciones nacionales para el próximo 18 de diciembre. ¿Qué tipo de incidencia en este debate puede llegar a tener un cambio político significativo como por ejemplo un triunfo electoral del MAS (Movimiento Al Socialismo)?

Se ha tenido una receptividad muy importante de parte de algunos representantes del MAS en el Parlamento, que han llevado adelante demandas con referencia a la ilegalidad con la que se ha aprobado la introducción de soja transgénica. Sin embargo eso no es una garantía, porque no sabemos si esos representantes van a resultar elegidos. No sabemos cual va a ser la política que van adoptar si resultan elegidos para gobernar. Esperamos que en el marco de la unidad nacional no se vuelvan a hacer otras concesiones.

Creo que en este marco lo que tenemos que proyectar es fortalecer a las organizaciones de pequeños productores de soja, a través de ejes y actores fundamentales en planes de ordenamiento territorial, de manejo de ordenanzas y normas en el marco de las potestades que les da su jurisdicción. En este sentido hay excelentes perspectivas, hemos conversado con casi todos los alcaldes y consejos municipales y por ejemplo hay mucha predisposición a establecer una tasa, una regalía por el uso del suelo en base al tipo de producción que se haga. Por ejemplo algunos municipios están planteando cobrar 50 centavos de dólar por tonelada de soja en caso de que sea convencional o responsable, y duplicar o triplicar esa tasa en caso de que se trate de soja transgénica. Esa es una modalidad que se está estudiando.

¿Actualmente existen tasas de ese tipo?

No hay, pero cada municipio tiene la potestad de establecerlas y dado que los municipios no tienen recursos les parece interesante esta propuesta. En algún caso plantean directamente el no uso de transgénicos.

M. Pardo es politólogo y analista de información de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).