La transnacionalización agroalimentaria y las inversiones

por Eduardo Gudynas – La regulación de las inversiones y el flujo de capitales son temas clave en las negociaciones para instalar un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Las disposiciones sobre inversiones cuentan con su propio capítulo en los borradores del ALCA, tal como se indicó en un anterior boletín SIREL. En este caso para profundizar en esta problemática se ofrece una breve revisión sobre la marcha de la inversión en el sector agroalimentarios, y sus consecuencias referidas a la transnacionalización y extranjerización

La inversión está asociada a profundas modificaciones en el escenario productivo: cambia la propiedad de las empresas, con una mayor presencia de compañías extranjeras, y en especial de las transnacionales; a la vez, existe una concentración en un número menor de firmas debido a fusiones y adquisiciones.

AUMENTA EL PODER DE LAS EMPRESAS EXTRANJERAS

Las empresas extranjeras, y en especial las que no son Latinoamericanas, aumentan su presencia en el continente. Entre las 500 empresas más grandes de la región, las compañías transnacionales aumentaron su participación del 27% (en 1990 a 1992) al 43% (en 1998-1999), según el reciente anuario sobre inversiones de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Mientras las empresas privadas nacionales se mantuvieron aproximadamente en el 40% de la participación, las estatales cayeron del 33% al 19%. Estos datos muestran claramente tanto un proceso de transnacionalización como de privatización. Esto explica la importancia que los ejecutivos de esas firmas otorgan a los acuerdos de liberalización comercial, y en especial a que contengan cláusulas que aseguren sus inversiones y la posibilidad de extraer sus ganancias.

Entre las primeras 100 empresas transnacionales, el 50% de las ventas corresponde a firmas europeas, mientras que un 43% a las de EE.UU. La presencia de estas empresas está concentrada en Brasil, México y Argentina. El rubro más representado es el automotriz (25% de las ventas), mientras que alimentos y bebidas alcanzan un 11% (un poco por encima de las telecomunicaciones y petróleo, con 10% cada uno), lo que deja en claro la importancia de ese sector. Esa relevancia aumenta cuando se considera que en el rubro comercio (10% de las ventas), incluye a empresas como Carrefour y Wal-mart, dedicada a los supermercados.

En efecto, entre las 100 empresas transnacionales con las mayores ventas en América Latina, hay por lo menos 17 compañías del sector agroalimentario. Sus países de origen son en primer lugar EE.UU., y le siguen Francia, Reino Unidos, Italia, Canadá, Suiza y Países Bajos. Los sectores específicos representados son el alimento, bebidas, tabacos y cadenas comerciales. Las cinco empresas más importantes por sus ventas son Carrefour/Promodés (con ventas que casi llegan a los mil millones de dólares), la cadena de supermercados Wal-mart, la compañía suiza Nestlé, la empresa Unilever de los Países Bajos y el Reino Unido, y la agrícola Cargill de EE.UU. Los principales países residentes de estas empresas son Argentina, Brasil y México.

AUMENTA LA CONCENTRACION POR COMPRAS y FUSIONES

El peso de estas compañías extranjeras ha aumentado también por las sucesivas adquisiciones y fusiones que se dan entre ellas. Ese proceso en buena medida depende de la Inversión Extranjera Directa (IED). En ese sentido, la CEPAL advierte que la fuerte inversión externa de la década de 1990 generó “profundas transformaciones, tanto en la estructura competitiva de los países y subregiones como en la estructura de la propiedad industrial”.

En aquellos casos donde la IED se orientó a sectores basados en recursos naturales, como el agroalimentario, o al mercado local o regional, como la alimentación, no se aumentó la competitividad. Esto a su vez se asocia a una homogeneización de los mercados, donde cada vez son menos las empresas participantes, y también es menor la diversidad de productos. Los resultados de esta tendencia son fácilmente advertibles visitando los supermercados en las grandes ciudades de cada región: productos iguales, estrategias de publicidad similares se repiten en las cadenas de ventas en Buenos Aires, Santiago, Montevideo y Asunción; otro tanto sucede en Panamá, San José y Tegucigalpa.

En el sector alimentos, bebidas y tabacos han tenido lugar al menos 40 compras de empresas privadas por inversionistas o fusiones entre empresas privadas; al menos 13 de ellas tuvieron un valor mayor a 100 millones de dólares. Esas compras totalizaron casi 4 mil millones de dólares. Entre las cinco más importantes se encuentran la compra de Arisco Industrial Ltda. (Brasil) por Bestfood (EE.UU.), Habanos de Cuba por Alliance Tabac Distribution (España), Molinos Río de la Plata (Argentina) adquirida por el Grupo Pérez Companc (Argentina), Frigorífico Chapecó (Brasil) por el Grupo Macri (Argentina) y Canale (Argentina) por Terrabusi (Argentina). Estos casos, así como otros, muestran que además de las adquisiciones por empresas transnacionales también han operado importantes compras por empresas Latinoamericanas, especialmente argentinas.

En el sector comercio existieron 12 compras, casi todas involucrando cadenas de supermercados especialmente por los grupos Disco (Argentina), y Casino (Francia), totalizando unos U$S 4000 millones. Los montos de estas transacciones son más elevados que en el sector alimentos y bebidas, y también envuelven a varias empresas Latinoamericanas.

Las operaciones en el sector alimentos y bebidas tienen la particularidad de estar muy asociadas a ciertas condiciones que aseguran el consumo. Por ello, las operaciones en ese sector se han concentrado casi exclusivamente en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, con fuertes estrategias de marketing y publicidad orientadas hacia los consumidores de medios y altos ingresos.

Finalmente debe subrayarse que la compra del 100% del paquete accionario de Arisco por Bestfood (por un valor de $ 752 millones de dólares), fue la compra más importante para todo el sector manufacturero. Esto deja en claro la creciente importancia del sector alimentación, así como la caída concomitante de las viejas industrias Latinoamericanas, como las metalúrgicas. En realidad, el mayor volumen de fusiones y adquisiciones han tenido lugar en el sector servicios (con más de $ 67 mil millones de dólares).

IMPACTOS SOCIALES y ECONOMICOS

El proceso de concentración, sea por empresas extranjeras o nacionales, termina generando varios impactos negativos en los trabajadores de las propias empresas, como en sectores asociados de las economías nacionales, especialmente en los rubros agropecuarios y alimentarios. La tendencia hacia la concentración usualmente está asociada a procesos llamados de “re-ingeniería” de las empresas, que en realidad significan ajustes de los costos por medio de medidas tales como la reducción de puestos de trabajo, ampliación de las horas de trabajo, precarización del empleo (con caída en las coberturas sociales, pérdida de beneficios de las horas extras, etc.).

El impacto de estos procedimientos sobre los empleados y obreros es enorme, y ha sido denunciado en varios países. El proceso de deterioro también incluyen otros aspectos que finalmente impactan sobre los trabajadores, aunque a veces pasan desapercibidos. En especial se deben mencionar los mercados oligopólicos, donde la concentración otorga enorme poder. De esta manera unas pocas firmas logran imponer nuevas condiciones en la compra de productos como alimentos, hortalizas, frutas, etc., afectando negativamente a pequeñas y medianas empresas, así como a los productores rurales. Sus márgenes de rentabilidad se reducen, deteriorando las condiciones de trabajo en esas empresas. A ello se suma que las grandes compañías transnacionales pueden instalar sus propios circuitos de exportación-importación, de donde la búsqueda de los productos más baratos se realiza también más allá de fronteras.

Las intervenciones gubernamentales en cualquiera de estos problemas corren el riesgo de ser calificadas como “expropiaciones indebidas” bajo el propuesto acuerdo del ALCA. Ello puede suceder tanto con exigencias que atiendan a las condiciones de trabajo, como con requisitos de sellos sobre la calidad de los alimentos. Estas y otras medidas podrán ser refutadas por las empresas, entablando acciones contra los gobiernos.

LA REGULACION DE LOS FLUJOS DE INVERSION

Los gobiernos de América Latina en los últimos años han fomentado el ingreso de inversiones extranjeras. Han simplificado las regulaciones para invertir, se ha otorgado condiciones de trato nacional (en algunos incluso reciben un tratamiento preferencial por medio de exoneraciones y otros beneficios, en particular fiscales), prácticamente se han desmontado las regulaciones para retirar ganancias, se simplificaron los sistemas tributarios, y se han reducido muchas regulaciones laborales y de otro tipo. Tímidas medidas que sobre todo apuntaban a los capitales especulativos están en proceso de ser desmontadas, o ya lo han sido (en Chile, Brasil y Colombia). Vivimos la paradoja que los países compiten por atraer inversores.

En caso de aprobarse el actual borrador sobre inversiones del ALCA, estas tendencias se reforzarían. Frente a esta situación es indispensable volver a estudiar regulaciones sobre el flujo de capitales. Este ha sido un fuerte reclamo de muchas organizaciones ciudadanas, y apuntan especialmente hacia los capitales especulativos, pero también a lograr que las condiciones laborales o ambientales mantengan su vigencia.

Uno de los mecanismos que se mencionan con frecuencia es la Tasa Tobin ha imponer sobre flujos de capital. Sin embargo resulta evidente que sea ese u otro tipo de regulación, aquel país que la llevara a la práctica corre el riesgo de ser abandonado por los inversores. En efecto, esos capitales se moverían allí donde las restricciones y controles fueran menores. La mejor manera de superar este problema es coordinar esas medidas entre las naciones, de donde queda en claro que es necesario un proceso de integración, aunque orientado en un sentido muy distinto a la actual propuesta del ALCA.

 

Publicado originalmente por la RelUITA de la Federación de Trabajadores Rurales y de la Alimentación, en 2001.